Lectores avizores Mala letra

Publicado el 17 de junio de 2016 | por Diego Marín

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Mala Letra, de Sara Mesa.

En la portada de Mala letra aparece una imagen, que hoy apodaríamos vintage, de los célebres cuadernos Rubio. En ella podemos ver la forma correcta e incorrecta de coger la pluma para escribir. Tal vez por ser extranjero y no haber sido educado con estos cuadernos, descubrí, para mi sorpresa, que siempre he cogido mal el bolígrafo para escribir. Debería, por lo tanto, tener mala letra, como le pasa a la protagonista del relato central de esta antología de cuentos. Ella, sin embargo, a pesar de no escribir “como Dios manda”, se dedica a la literatura.

Mala letra

Mala letra

Un aura de contradicciones paira sobre este conjunto de relatos: de la mala letra sale buena literatura, de situaciones insólitas e incómodas surgen buenas historias, de lo aparentemente feo se construyen cuentos estéticamente refinados. Aquí no hay hadas ni princesas. Los protagonistas de estas ficciones son chicas rebeldes, niños inadaptados, gente mediocre que se cree superior. Leer a Sara Mesa no es fácil y provoca desconcierto. De hecho, los protagonistas de sus historias a menudo provocan anti-empatía e incluso repulsa. Poco a poco, sin aspavientos, bajo la piel de sus vidas banales y grises, se nos presentan sus defectos, sus pecados y sus deseos más abominables de una forma subterránea y, por ende, más impactante.
Se habla de “palabras-piedra” que hieren y pesan como losas, de animales cuyo ruido o presencia resultan incómodos, de crímenes perpetrados con pasmosa frialdad, de profesores insensibles que no son educadores y hacen mella, de soledad, de falta de comunicación e incluso, para aligerar tanta desazón, del amor hacia las palabras esdrújulas.
La aspereza de los temas es compensada por la ligereza de la prosa de Sara Mesa. Escribe con precisión – pese a supuestamente haber cogido mal la pluma de pequeña –, sin artificios y, sobre todo, arrojando luz. De esa forma, consigue que este compendio de historias de inadaptados, que viven en silencio una suerte de exclusión social a menudo voluntaria, resulte brillante. Y, repito, aunque no sea fácil y provoque algún desconcierto, debido a la calidad y a la fría belleza de su prosa, la experiencia de lectura de “Mala Letra” es estimulante.

Podéis comprar esta y otras obras de Sara Mesa en la web y en las tiendas de Diego Marín. No será la típica lectura fácil y fresca de verano. Pero aseguramos que no os dejará indiferentes. Palabra de avizor.

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